🎬 Un Día de Mayo: el arte como herida y como sanación

Hoy acudí a la sala de cine a ver Un Día de Mayo, y salí conmovido. No es una película fácil, ni busca serlo. No es una comedia de risa rápida ni un drama sobre-actuado. Es una historia con una profundidad emocional y psicológica que te mantiene tratando de descifrar, escena tras escena, las circunstancias que marcaron al protagonista Mayo, y que casi lo condenan a perder la oportunidad de amar, encontrarse y seguir adelante.

El director Juan Esteban Suárez logra sostener una tensión humana y honesta entre el silencio y el estallido. Se nota que el guion fue trabajado con paciencia y convicción: se siente maduro, pulido y vivido. Suárez no solo cuenta una historia, la respira. A veces desde la rabia, otras desde la duda, pero siempre con una autenticidad que hace que uno sufra con Mayo, no por lo que le pasa, sino por cómo intenta reconstruirse.

Una mención especial merece Pedro Juan López (PJ), cuya dirección de arte le da a la película un lenguaje visual único. La pintura no es un adorno, sino un reflejo del alma. Cada color, cada trazo, parece representar una cicatriz transformada en expresión artística. PJ explora el arte como medio de sanación, y lo hace con una sensibilidad extraordinaria.

Y más allá de estas figuras centrales, hay algo que se siente de principio a fin: todo el equipo artístico y técnico está perfectamente sincronizado. Fotografía, edición, sonido, música, arte, actuación… todos los elementos se entrelazan para crear una pieza sólida, coherente y memorable. Es cine puertorriqueño hecho con rigor, pasión y propósito.

El elenco, que combina rostros nuevos con actores de trayectoria, aporta frescura y verdad. Esa mezcla le da al filme un tono natural y sincero. Las interpretaciones, contenidas y profundas, están siempre a la altura del universo emocional que plantea el guion.

Un Día de Mayo no busca gustar a todos, busca tocar a quien se atreve a mirar hacia adentro. Nos recuerda que el arte, en todas sus formas, puede ser un camino hacia la sanación. Al salir de la sala, uno no solo piensa en Mayo: piensa en sí mismo, en sus propias heridas y en cómo el arte —a veces— puede ser el primer paso para volver a respirar.

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